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Surfeando la ola emocional: cómo navegar lo que sientes desde el cuerpo

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En nuestra sociedad suele existir la tendencia a evitar tanto el dolor físico como el psicológico, buscando eliminar aquellas emociones que no resultan agradables. Sin embargo, las emociones son parte fundamental de nuestra naturaleza humana y no deben reprimirse, taparse ni prohibirse. A través del método Alba Emoting, la autora Susana Bloch propone que la clave no está en controlar o suprimir lo que sentimos, sino en modular nuestras reacciones para «surfear la ola emotiva» manteniendo las riendas desde la respiración y el cuerpo.

¿Qué ocurre en nuestro cuerpo cuando sentimos?

Una emoción es un estado funcional complejo y dinámico de todo el organismo que despierta ante un estímulo interno o externo. Lejos de ser un fenómeno puramente mental, toda vivencia emocional involucra tres aspectos simultáneos:

  • Fisiológico: Cambios viscerales y neuromusculares, tales como alteraciones en la frecuencia cardíaca, contracciones estomacales, rubor o palidez y modificaciones en el ritmo respiratorio.
  • Expresivo: Ajustes en la postura corporal, los gestos, la expresión del rostro, las vocalizaciones y la dirección de la mirada.
  • Subjetivo: La experiencia interna o feeling que experimenta la persona.

Cuando ocultamos lo que nos pasa, provocamos una incoherencia y disociación entre lo que sentimos internamente y lo que expresamos hacia afuera. En su forma más extrema, esto produce el «síndrome del payaso», que ocurre cuando alguien ríe externamente mientras se siente profundamente triste. Recuperar la coherencia corporal es indispensable para no confundirnos ni desvirtuar la comunicación con quienes nos rodean.

De las emociones básicas a las «ensaladas mixtas»

Al nacer, los seres humanos funcionamos únicamente con seis emociones básicas universales, biológicas y necesarias para la sobrevivencia: la alegría (risa), la tristeza (llanto), el miedo, la rabia, el erotismo y la ternura.

A medida que crecemos, estas emociones puras se entrelazan con nuestras experiencias personales, la educación y la cultura, dando paso a las emociones mixtas que conforman casi todo el mundo emocional adulto. Así es como surgen combinaciones complejas en nuestra vida diaria:

  • El estrés: Actúa como una emoción mixta compuesta por una mezcla de rabia, miedo y un dejo de tristeza.
  • Derivados de la tristeza: Se manifiestan en forma de nostalgia, melancolía, arrepentimiento, compasión, vergüenza o depresión.
  • Derivados de la alegría: Aparecen como optimismo, entusiasmo, euforia o ambición.

El poder de la respiración y el Step Out

El hallazgo central de este enfoque psicofisiológico demuestra que la reproducción voluntaria del patrón respiratorio, postural y facial de una emoción es capaz de activar o modular el proceso emocional correspondiente. En lugar de estancarnos en emociones tónicas o crónicas —como la ansiedad, la amargura o la depresión—, podemos aplicar herramientas concretas en el día a día:

  1. Ir del sentir físico a la interpretación: Permitirnos llegar al fondo de lo que sentimos reconociendo primero la emoción en el cuerpo, antes de buscar explicaciones cognitivas o psicológicas.
  2. Usar las emociones a nuestro favor: Canalizar, por ejemplo, el patrón respiratorio y postural de la rabia de forma atenuada para actuar con firmeza, tomar decisiones y comunicarnos asertivamente sin necesidad de perder el control.
  3. Practicar el Step Out: Utilizar este ejercicio físico y respiratorio específico como un «reset» del sistema emocional que permite salir de la ola, limpiar la tensión acumulada y volver a un estado de calma, equilibrio y neutralidad.

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