Vivimos en la sociedad de la exigencia, la velocidad y la respuesta de «lucha o huida». Estamos constantemente alerta, compitiendo y respondiendo al ritmo frenético de las demandas cotidianas. Sin embargo, nuestro organismo cuenta con un mecanismo fisiológico complementario igual de potente y vital: el sistema de «calma y contacto», orquestado por la oxitocina.
En el libro Oxitocina: La hormona de la calma, el amor y la sanación, la investigadora sueca Dra. Kerstin Uvnäs Moberg nos sumerge en la neurobiología de esta sustancia química, revelando que su impacto trasciende ampliamente los ámbitos del parto y la lactancia materna.
Mucho más que la hormona de la maternidad
Tradicionalmente, la oxitocina se consideró un componente casi exclusivo de la obstetricia. Si bien es fundamental para facilitar las contracciones del parto y la eyección de leche materna, las investigaciones de la Dra. Uvnäs Moberg demostraron que actúa tanto en mujeres como en hombres, comportándose a la vez como hormona en el torrente sanguíneo y como neurotransmisor en el sistema nervioso central.
Frente a la adrenalina y la vasopresina —que preparan al organismo para la defensa, elevan la presión arterial y disparan el estrés—, la oxitocina promueve un estado fisiológico antagónico:
- Reduce la tensión arterial y el ritmo cardíaco.
- Disminuye los niveles de cortisol y de otras hormonas vinculadas al estrés crónico.
- Eleva el umbral de tolerancia al dolor.
- Estimula el sistema digestivo y optimiza la asimilación y reserva de nutrientes.
- Favorece los procesos de regeneración celular, cicatrización y crecimiento de los tejidos.
«Calma y contacto»: el cimiento de nuestros lazos afectivos
Uno de los aportes más valiosos de la obra es la explicación de cómo la oxitocina estimula la curiosidad, el apego y la sociabilidad. Se trata de un mecanismo con efecto retroalimentador: los intercambios afectivos y respetuosos favorecen la liberación de oxitocina, lo cual disminuye el miedo y abre la puerta a una mayor confianza y cercanía interpersonal.
Formas cotidianas y sencillas de activar la oxitocina
La liberación de oxitocina no requiere intervenciones artificiales ni complejas; nuestro cuerpo responde de manera natural a estímulos sensoriales y conductas accesibles en el día a día:
- El poder del tacto suave y las caricias: La piel cuenta con receptores sensoriales específicos para el tacto ligero y la calidez. En los ensayos clínicos y de laboratorio citados por la autora, un ritmo de caricias suave y constante (alrededor de 40 pasadas por minuto) reduce la presión arterial y aplaca el estado de alerta. Abrazos sinceros, gestos afectuosos o masajes en el cuello y la espalda activan este circuito.
- Baños templados, saunas o calor ambiental: La inmersión en agua caliente, una sauna o simplemente descansar tomando el sol estimulan las terminaciones cutáneas de forma parecida al contacto corporal reconfortante, induciendo reposo y relajación.
- El masaje como terapia corporal: Tanto recibir un masaje terapéutico como compartir un masaje sencillo de pies o manos con un ser querido incrementa la oxitocina y baja el cortisol, creando un espacio de distensión mutua y seguridad.
- Comer despacio: «un masaje interno»: La Dra. Uvnäs Moberg describe el acto de comer con tranquilidad como un masaje desde el interior. La distensión del estómago al alimentarnos adecuadamente activa vías sensoriales ligadas al nervio vago y desencadena oxitocina, lo que favorece la digestión y genera una profunda sensación de sosiego tras la comida.
- Convivencia y caricias a animales de compañía: Acariciar o cepillar a perros, gatos u otros animales de compañía disminuye la tensión arterial y genera una respuesta apaciguadora tanto en la persona como en el animal.
- Intimidad afectiva y sexualidad: Los besos, las caricias y la intimidad sexual generan picos elevados de oxitocina en ambos sexos, culminando con el orgasmo. Esto promueve un descanso reparador y consolida los vínculos de pareja.
- Ejercicio físico armónico y moderado: Caminar al aire libre, hacer trote ligero (jogging) o gimnasia suave a un ritmo regular moviliza terminaciones sensitivas en músculos y articulaciones, estimulando la oxitocina en armonía con las endorfinas.
- Yoga, respiración y prácticas meditativas: Técnicas como el yoga, la respiración profunda y acompasada, la oración o la repetición rítmica de un mantra silencioso reducen la actividad simpática, sincronizan las ondas cerebrales y facilitan la calma interior.
- Sostén emocional y escucha atenta: Una conversación comprensiva, la presencia de personas de confianza o el intercambio de miradas y palabras amables le indican a nuestro cerebro que estamos a salvo, desactivando el sistema de alarma.
Cultivar nuestra «ecología interior»
Tal como reflexiona la autora, un bienestar duradero es incompatible con permanecer atrapados en la tensión continua. Del mismo modo que los ecosistemas requieren un balance sustentable, nuestra fisiología exige alternar el esfuerzo con el reposo y la recuperación.
Aprender a propiciar la calma y el contacto humano no es un simple descanso: es una necesidad biológica indispensable para cuidar nuestra salud física, mental y comunitaria.
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