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De víctima a superviviente, y de superviviente a volver a ser tú mismo: Cómo superar experiencias traumáticas

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¿Qué hace que algunas personas logren no solo recuperarse de una tragedia, sino transformar profundamente sus vidas a partir de ella? En el libro Superar experiencias traumáticas: Una propuesta de intervención desde la Terapia Sistémica Breve (Editorial Herder), los psicoterapeutas Mark Beyebach y Felipe E. García —con prólogo de Carmelo Vázquez— ofrecen una guía rigurosa, creativa y profundamente humana para comprender y acompañar los procesos de sanación tras vivir sucesos extremos.

Lejos de patologizar el sufrimiento, los autores parten de una premisa liberadora: los síntomas de estrés postraumático no son señales de «locura» o debilidad, sino respuestas normales y protectoras ante situaciones anormales. La hipervigilancia busca evitar nuevos riesgos y el embotamiento afectivo funciona como un escudo ante el dolor; sin embargo, cuando la amenaza ya ha pasado, el reto consiste en sustituir esos escudos por hábitos que devuelvan la libertad.

El viaje de la identidad: «Poner el trauma en su lugar»

Superar una experiencia traumática no significa borrarla mágicamente del pasado, sino impedir que secuestre el presente y el futuro. El libro plantea la recuperación como un tránsito evolutivo a través de tres momentos clave:

  1. Reconocerse como víctima: En situaciones de maltrato o abuso que han sido normalizadas, el primer paso indispensable es identificar el daño como tal para poder protegerse.
  2. De víctima a superviviente: Consiste en abandonar el rol pasivo de indefensión, empoderarse y tomar conciencia de las capacidades que permitieron resistir la adversidad.
  3. De superviviente a ser simplemente «uno/a mismo/a»: El objetivo final es desencasillarse para que el trauma deje de ser «El Suceso» central que define la identidad de la persona y pase a ser simplemente un episodio más dentro de su biografía.

6 claves prácticas para superar experiencias traumáticas

A través de su modelo integrador —la Terapia Sistémica Breve para supervivientes de un Trauma (TSB-T), que combina la Terapia Centrada en Soluciones, la Terapia Narrativa, la Terapia Breve Estratégica y la Psicología Positiva—, los autores destacan seis pilares para impulsar la recuperación:

  • 1. Pasar de la rumiación intrusiva a la resignificación: Quedarse anclado en preguntas sin respuesta («¿por qué a mí?») o en el pensamiento desiderativo («ojalá nunca hubiera sucedido») perpetúa el sufrimiento. Superar el trauma requiere transformar esos pensamientos automáticos en una rumiación deliberada y constructiva, elaborando un relato con sentido en un espacio seguro y poniendo la culpa en su lugar (en el agresor o las circunstancias, liberando a la víctima de la culpa).
  • 2. Romper el ciclo de la evitación: Rehuir lugares, conversaciones o recuerdos alivia a corto plazo, pero termina aislando a la persona y confirmando la sensación de peligro constante. El camino hacia la mejoría implica un afrontamiento activo: enfrentar gradualmente los temores, retomar rutinas cotidianas y sustituir conductas autodestructivas por el autocuidado.
  • 3. Rescatar la valentía oculta: Si una persona ha sobrevivido a un evento crítico, significa que algo hizo bien para protegerse o evitar un desenlace aún peor. Indagar en esas reacciones mediante preguntas de supervivencia y afrontamiento («¿de dónde sacaste la fuerza para soportar esto?», «¿cómo lograste mantenerte a flote día a día?») permite redescubrir talentos y recursos que permanecían invisibles.
  • 4. Activar la esperanza y construir un futuro: Para no quedar «congelados en el pasado», es fundamental mirar hacia adelante. Imaginar en detalle un futuro donde el problema ha sido superado, fijar metas concretas y registrar pequeños logros diarios (como plantearse cada noche qué pequeñas cosas del día generaron satisfacción) reorienta la mente hacia las posibilidades.
  • 5. Reconectar con la red de apoyo social: La resiliencia no es un fenómeno meramente individual, sino un proceso relacional, familiar y comunitario. Romper el aislamiento, apoyarse en familiares y amigos, o participar en grupos y acciones colectivas amortigua el impacto emocional y devuelve la confianza en los demás.
  • 6. Recuperar y habitar el propio cuerpo: Como el trauma deja una huella física de tensión, dolor o desconexión, la recuperación debe incluir al cuerpo. La práctica deportiva (como la natación o el yoga), la relajación muscular progresiva, los ejercicios de grounding para volver al presente (como la técnica 5-4-3-2-1) y el reconectar con sensaciones físicas agradables ayudan a reeducar al cerebro para habitar nuevamente la calma.

Más allá de la resiliencia: El Crecimiento Postraumático

Uno de los mensajes más luminosos de la obra es la distinción entre resiliencia y crecimiento postraumático (CPT). Mientras que la resiliencia es la capacidad de doblarse ante la tormenta y recuperar el nivel de funcionamiento previo, el crecimiento postraumático ocurre cuando la persona, a raíz de su lucha por sobreponerse, experimenta una transformación positiva, profunda y duradera. Esto se traduce en un nuevo aprecio por la vida, relaciones más cercanas y empáticas, mayor fortaleza personal y un cambio real en las prioridades vitales.

Como nos recuerdan Mark Beyebach y Felipe E. García en estas páginas, la recuperación comienza en el mismo instante en que la persona sobrevive. Con el apoyo adecuado, respeto por los propios ritmos y confianza en las fortalezas humanas, siempre es posible reconstruir el significado y abrir paso a un nuevo comienzo.

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